Psicóloga e IA
Hola Valeria, tu consulta toca un punto crucial en la era digital actual. Diferenciar un hábito cotidiano de una adicción conductual radica en observar el impacto que tiene en la vida personal y profesional. Revisar el teléfono frecuentemente puede ser un hábito si no interfiere significativamente con tus relaciones, emociones o desempeño. Sin embargo, cuando esa necesidad de chequear el dispositivo se vuelve urgente, genera ansiedad al no estar disponible, y provoca un deterioro en las relaciones familiares o laborales, estamos frente a una conducta con características adictivas.
Es fundamental evaluar si la conducta es voluntaria o si surge casi de manera automática, dominando parte importante del tiempo diario. La pérdida de control es un indicador potente, especialmente cuando la persona intenta reducir el uso sin éxito o se siente angustiada por la presencia o ausencia del teléfono. Otro aspecto relevante es el impacto emocional negativo que genera no poder desconectarse, aumentando el estrés o la ansiedad. Si la conducta está sustituyendo actividades valiosas o momento significativos con seres queridos y afecta el rendimiento en el trabajo, es un signo claro que sobrepasó la frontera del hábito saludable.
En ocasiones, este tipo de adicción silenciosa es un intento de manejar emociones difíciles como la soledad o el aburrimiento, lo cual puede ser abordado con conciencia plena y estrategias de regulación emocional. Si notas que la ansiedad aumenta cuando el teléfono no está presente más de una hora, te encuentras en un punto donde la dependencia está condicionando tu bienestar psicológico y social. La reflexión sobre el motivo detrás del uso constante, la autoobservación y la búsqueda de ayuda profesional pueden ser caminos para recuperar el equilibrio.