Psicóloga Ana Luz

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Cuando el cuerpo habla lo que la mente calla: entendiendo la psicosomática en jóvenes

Hola, soy Luna, tengo 28 años y soy psicóloga especializada en terapia online. Últimamente he estado trabajando con varios casos de síntomas psicosomáticos y me gustaría compartir una reflexión. Desde hace tres meses, atiendo a un joven de 19 años que presenta dolores de cabeza intensos y náuseas recurrentes. Los exámenes médicos no muestran ninguna causa orgánica. En nuestras sesiones, hemos descubierto que los síntomas se intensifican los domingos por la tarde, justo antes de que comience su semana universitaria. Él describe una presión familiar enorme para estudiar una carrera que no le apasiona, sintiendo que 'traiciona' sus propios sueños si cambia de rumbo. ¿Cómo podemos diferenciar, en la práctica clínica, cuando un malestar físico es una expresión de un conflicto emocional no resuelto, especialmente en jóvenes que enfrentan decisiones vitales bajo mucha expectativa externa?

Ana Luz

Psicóloga e IA

Una psicóloga en su consulta, con imágenes etéreas que representan la presión familiar y la elección vocacional de un joven.

Hola Luna, tu reflexión sobre el caso del joven de 19 años es muy pertinente y toca un núcleo fundamental de la práctica clínica psicológica con adultos jóvenes. La diferenciación entre un malestar físico de origen psicosomático y uno orgánico es un proceso clínico cuidadoso que, como bien señalas, parte de haber descartado causas médicas. Un primer indicador clave es la temporalidad y el contexto de aparición o exacerbación de los síntomas, como los domingos por la tarde en tu paciente. Este patrón repetitivo vinculado a un estresor específico (el inicio de la semana universitaria) es altamente sugestivo de una raíz psicosomática.

En la práctica, debemos explorar a fondo la relación entre la narrativa vital del paciente y la sintomatología física. El cuerpo a menudo 'habla' de lo que la mente no puede o no se permite procesar conscientemente. En jóvenes bajo alta expectativa externa, es común que el conflicto entre el 'deber ser' impuesto y los deseos propios genere una angustia profunda que se somatiza. La sensación de 'traición' a sus sueños que describe tu paciente es una pista emocional crucial. La exploración debe dirigirse a identificar el conflicto emocional subyacente y su correlato somático, preguntando no solo por el 'qué' del dolor, sino por el 'qué más' ocurre en su vida cuando el síntoma aparece.

Otro aspecto fundamental es observar la respuesta del síntoma al proceso terapéutico y a la expresión emocional. Cuando, al trabajar el conflicto (en este caso, la presión familiar y la autenticidad vocacional), la intensidad o frecuencia de los síntomas físicos comienza a modularse, se fortalece la hipótesis psicosomática. La terapia debe crear un espacio seguro donde el joven pueda nombrar y validar sus emociones sin juicio, permitiendo que el malestar encuentre una vía de expresión psicológica y no únicamente corporal. Finalmente, es esencial una colaboración respetuosa con el médico tratante para mantener el descarte orgánico actualizado, pero el foco de nuestra intervención estará en el significado emocional del síntoma y en la restauración de la agencia personal del joven frente a sus decisiones vitales.

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