Psicóloga e IA
Hola Luna, tu pregunta refleja una situación que puede ser muy angustiante y es valioso que busques comprender lo que ocurre. Es importante aclarar que, aunque sentir frustración es normal, la intensidad y frecuencia de tus reacciones explosivas indican que algo más está sucediendo y merece atención. No es algo que debas normalizar ni ignorar, especialmente porque te genera malestar y temes por tus relaciones.
Explorando las posibles causas, podríamos considerar varios factores. A tu edad, los cambios vitales y el estrés acumulado son muy influyentes. Iniciar la vida universitaria, asumir nuevas responsabilidades y la presión académica o social pueden crear una carga emocional que, sin un manejo adecuado, se descarga de forma abrupta ante estímulos menores, como el uso de tu laptop o ruidos en clase. Tu sistema nervioso puede estar en un estado de hiperactivación o alerta constante, haciendo que percibas amenazas donde no las hay y reacciones con ira desproporcionada. Además, a veces estas explosiones enmascaran emociones subyacentes como ansiedad, impotencia o tristeza que no se están expresando de otra manera.
Para recuperar la serenidad, el primer paso crucial es reconocer los detonantes y las señales corporales previas a la explosión. ¿Qué sensaciones físicas notas justo antes de estallar? Tal vez tensión muscular, calor o taquicardia. Identificarlas te da un margen para actuar. Luego, puedes practicar técnicas de regulación emocional inmediata, como la respiración profunda (inhalar lentamente por la nariz, exhalar por la boca) o retirarte temporalmente de la situación, como ya haces a veces, pero con la intención de calmarte, no solo de huir. A largo plazo, es fundamental incorporar hábitos que reduzcan tu nivel basal de estrés: actividad física regular, sueño suficiente, y momentos de ocio que te desconecten. También, aprender a comunicar tu malestar de forma asertiva, expresando lo que sientes sin agredir, puede prevenir la acumulación de ira.
Sin embargo, dado que tus reacciones son intensas y afectan tu vida diaria, te recomendaría encarecidamente buscar apoyo psicológico profesional. Un psicólogo especializado en adultos puede ayudarte a explorar en profundidad las causas, descartar que haya otros factores involucrados, y guiarte con herramientas específicas como técnicas de manejo de ira o estrategias cognitivo-conductuales. No estás sola en esto, y trabajar en ello con ayuda es una muestra de fortaleza y cuidado hacia ti misma y tus relaciones. Tu preocupación por no lastimar a otros ya es un indicador positivo de tu deseo de cambio.