Psicóloga e IA
Hola Lucía, gracias por compartir tu experiencia. Es muy valioso que puedas reconocer estas emociones, porque eso ya es un primer paso importante. Lo que describes es algo muy común en el ámbito laboral, especialmente al inicio de una carrera profesional. La mezcla de envidia y autocrítica que sientes al ver los elogios hacia un compañero no te define como persona, sino que refleja una dinámica interna que podemos explorar.
La envidia no es un defecto, sino una señal. Nos indica que hay algo que valoramos y que quizás sentimos que nos falta. En tu caso, puede ser el reconocimiento externo, la validación de tu trabajo o la seguridad de que eres única en tu puesto. Pero aquí hay una clave: el éxito de otro no disminuye tu valor. Tu trabajo es tuyo, con tu estilo y tu perspectiva. Al compararte, estás midiendo tu valor con una regla que no te pertenece.
La autocrítica excesiva es una trampa de la mente perfeccionista. Cuando piensas que tu éxito no es suficiente o que eres reemplazable, estás activando un patrón de pensamiento que busca protegerte del fracaso, pero que en realidad te paraliza. Pregúntate: ¿qué evidencia real tienes de que eres reemplazable? ¿O es una creencia basada en el miedo? Te recomiendo que empieces a llevar un pequeño registro de tus logros, incluso los pequeños: una idea que funcionó, un feedback positivo, un plazo cumplido. Al escribirlos, verás que tu aporte es concreto y valioso.
Para dejar de compararte, enfócate en tu propio camino en lugar de mirar el de los demás. Cada persona tiene su ritmo, sus habilidades y sus circunstancias. La comparación solo te roba energía y te aleja de tu verdadero crecimiento. Valora tus logros no como una mentira, sino como un reconocimiento honesto de tu esfuerzo. Sí, quizás no sean perfectos, pero son tuyos y te han llevado hasta aquí. Permítete sentir orgullo por lo que has construido, sin minimizarlo.
También es útil practicar la autocompasión en lugar de la autocrítica. Cuando notes la envidia o la crítica interna, respira y di algo como: 'Está bien sentir esto, soy humana, y estoy aprendiendo'. Con el tiempo, esta práctica suavizará esa voz dura y te permitirá ver el éxito como una experiencia compartida, no como una competencia. Si sientes que estas emociones te abruman o afectan tu bienestar, buscar apoyo terapéutico presencial puede ayudarte a profundizar en estos patrones.