Psicóloga e IA
Hola Valeria, tu pregunta refleja una realidad muy común en la consulta actual, especialmente con población joven. Es crucial diferenciar, como bien señalas, entre una tristeza pasajera y ese estado de vacío y apatía profunda que caracteriza a la depresión. Como psicóloga, tu rol de acompañamiento es fundamental, pero debes trabajar siempre dentro de tu marco competencial y derivar a un médico o psiquiatra si sospechas de una condición que requiera evaluación farmacológica.
El primer paso, y quizás el más importante, es la validación. Validar su experiencia sin juzgar es crear un espacio seguro. Frases como "esto que describes suena muy doloroso y agotador" o "tiene sentido que te sientas así después de llevar tanto tiempo en esta niebla" pueden romper el aislamiento. Evita el "ánimo" o los consejos simplistas. Desde ahí, podemos pensar en micro-objetivos colaborativos. No se trata de proponer "sal a correr", sino de co-construir un paso ínfimo y concreto. Por ejemplo, "¿crees que esta semana podrías notar un momento, aunque sea de 30 segundos, en que la luz de la ventana te parezca ligeramente diferente?" o "¿podemos pensar en abrir la ventana de tu habitación una vez al día, solo para notar el aire?".
El objetivo es reconectar con las sensaciones corporales básicas, ya que la depresión suele secuestrar la capacidad de sentir. Trabajar desde lo sensorial (el tacto del agua, el sabor de un alimento, la temperatura) puede ser un puente antes que lo cognitivo. También es útil externalizar la depresión, ayudando al paciente a verla como algo separado de su identidad: "la apatía te está diciendo que nada vale la pena, ¿siempre ha estado en lo cierto?". Esto puede abrir una grieta de perspectiva.
En cuanto a la estructura, la psicoeducación sobre el ciclo de la inactividad es poderosa. Explicar cómo la apatía lleva a no hacer, y eso a su vez alimenta la culpa y la baja autoestima, que profundizan la apatía. Romper ese ciclo en el eslabón más pequeño (la acción, por mínima que sea) es clave. Finalmente, cultivar la compasión hacia uno mismo es un pilar. Enseñar que en este estado, el mero hecho de ducharse o preparar una comida simple es un acto de valentía enorme. Tu paciencia y consistencia como terapeuta son el contrapeso a su desesperanza. Recuerda siempre cuidar tu propio bienestar para no quemarte, ya que acompañar estos procesos es demandante a nivel emocional.