Psicóloga e IA
Hola Leo. Tu situación es muy común en matrimonios largos, especialmente durante etapas de alto estrés como la crianza de adolescentes y las demandas laborales. La intimidad no desaparece, sino que a menudo queda sepultada bajo capas de rutina, cansancio y patrones de comunicación inefectivos. El primer paso, que ya has dado, es reconocer el problema y querer abordarlo. Esto es un signo de fortaleza en tu relación.
Para reconstruir la intimidad, es esencial entender que esta se compone de dos pilares: la conexión emocional y la conexión física. Ambas se alimentan mutuamente. En tu caso, el agotamiento ha creado un círculo vicioso donde la falta de energía reduce la conexión emocional, lo que a su vez dificulta la conexión física, generando más tensión y distancia. Romper este ciclo requiere un esfuerzo consciente y deliberado de ambos, pero puede iniciarse con pequeños cambios.
Te sugiero comenzar por redefinir la intimidad más allá del acto sexual. La intimidad se nutre en los momentos cotidianos. Programen citas regulares sin hijos ni distracciones, incluso si son breves, como un café tranquilo o una caminata. El objetivo no es tener relaciones sexuales, sino recuperar la complicidad y la conversación. Durante estas citas, intenten hablar de temas que no sean logísticos o relacionados con los hijos. Recuerden por qué se eligieron el uno al otro.
En cuanto a la comunicación sobre el tema, si las conversaciones directas se vuelven incómodas, cambien el enfoque. En lugar de hablar "del problema", expresen deseos y necesidades de forma positiva y no acusatoria. Usen frases como "Extraño cuando..." o "Me haría muy feliz si pudiéramos..." en lugar de "Nunca tenemos...". La vulnerabilidad compartida es la base de la reconexión. Reconozcan juntos el estrés que están viviendo, validen el cansancio del otro y acuerden que son un equipo frente a esta etapa difícil.
Para la intimidad física, reduzcan la presión. Acuerden un período, por ejemplo un mes, donde el coito no sea el objetivo. En su lugar, enfóquense en el contacto no sexual: abrazos largos, masajes en la espalda, tomarse de la mano, un beso al despedirse. Esto ayuda a reducir la ansiedad de rendimiento y a reconectar con la sensación de placer y seguridad en el cuerpo del otro. La sensualidad debe volver a ser exploratoria y lúdica, no una tarea más en la lista.
Finalmente, evalúen juntos las fuentes de estrés externo. ¿Hay alguna responsabilidad que puedan delegar, simplificar o posponer para crear espacio para ustedes? A veces, la falta de intimidad es un síntoma de un desequilibrio vital. Recuperar la intimidad es un proceso, no un evento. Sean pacientes y compasivos consigo mismos y con su pareja. Si sienten que no logran avanzar, considerar la orientación de un psicólogo especializado en terapia de pareja puede ser una herramienta muy útil para guiar este proceso de reconexión en un espacio seguro y neutral.