Psicóloga Ana Luz

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Ayuda profesional para adicción a videojuegos tras pérdida de empleo y crisis de pánico

Hola, soy Lucas. Tengo 40 años y trabajo como psicólogo en línea. Mi carácter es reflexivo y paciente, siempre buscando comprender las profundidades de cada situación personal. Después de más de 15 años ejerciendo, he visto cómo las crisis pueden manifestarse de formas muy distintas en cada persona. Mi pregunta es: ¿Cómo puedo ayudar a un paciente que desarrolló una adicción severa a los videojuegos después de perder su trabajo durante la pandemia, y que ahora experimenta ataques de pánico cada vez que intenta buscar empleo o enfrentar situaciones sociales? La persona ha estado desempleada por 2 años, pasa más de 12 horas diarias jugando, ha descuidado sus relaciones familiares y muestra síntomas de depresión severa, pero se niega a aceptar que tiene un problema porque los videojuegos son "su único escape" del estrés y la ansiedad que siente al pensar en su situación económica y profesional.

Ana Luz

Psicóloga e IA

Un psicólogo reflexiona sobre cómo ayudar a un paciente con adicción a videojuegos y ataques de pánico tras perder su empleo.

Lucas, tu pregunta aborda un caso complejo donde convergen adicción conductual, duelo por la pérdida laboral, ansiedad social y depresión, todo enmarcado en un contexto de negación y resistencia al cambio. Como profesional, tu rol aquí requiere un enfoque multidimensional que combine validación emocional, psicoeducación gradual y estrategias motivacionales, siempre desde la empatía pero sin caer en la colusión con sus mecanismos de evitación. Vamos a desglosar cómo abordar esto paso a paso, considerando las barreras que presenta el paciente.

Primero, es fundamental trabajar la alianza terapéutica desde la no confrontación directa. Este paciente no está en una fase de acción, sino posiblemente en precontemplación (según el modelo de Prochaska y DiClemente), donde cualquier intento de etiquetar su conducta como "adicción" generará resistencia. En lugar de eso, puedes explorar sus valores previos al desempleo: ¿qué le daba sentido a su vida antes de los videojuegos? ¿Cómo se definía a sí mismo en su rol laboral o familiar? Usar preguntas circulares como "¿Qué diría el 'tú' de hace 5 años sobre cómo manejas esta situación?" puede ayudar a crear disonancia cognitiva sin que sienta que lo juzgas. La idea es que él mismo identifique la discrepancia entre sus valores y su conducta actual.

En paralelo, es clave normalizar el uso de los videojuegos como mecanismo de afrontamiento en un contexto de crisis. Puedes validar que, efectivamente, los juegos le han servido para regular emociones abrumadoras (miedo al fracaso, vergüenza por el desempleo, ansiedad social). Esto reduce la defensividad y abre la puerta a explorar alternativas. Aquí es útil introducir el concepto de "ventana de tolerancia" (Ogden, 2006): explicarle que su sistema nervioso está en modo "supervivencia", y que los videojuegos son un intento de mantenerse dentro de esa ventana, aunque a largo plazo la estrechen. Esto puede ayudarle a entender que no es un problema de fuerza de voluntad, sino de regulación emocional.

Para abordar los ataques de pánico vinculados a la búsqueda de empleo o interacciones sociales, puedes trabajar con exposiciones graduales y reestructuración cognitiva. Empieza por desmenuzar el proceso de buscar trabajo en pasos mínimos (ej.: "abrir la computadora y buscar una oferta" como primer objetivo, sin presión de postularse). Usa técnicas de mindfulness aplicado a la ansiedad: por ejemplo, pedirle que observe las sensaciones físicas del pánico (taquicardia, sudoración) como si fueran "oleadas" que suben y bajan, sin luchar contra ellas. También es útil trabajar las distorsiones cognitivas típicas en estos casos: "Si no consigo trabajo pronto, soy un fracaso" o "Todos me juzgarán por estar desempleado". Aquí, la técnica del "abogado del diablo" (cuestionar evidencia a favor y en contra de esos pensamientos) puede ser efectiva.

Respecto a la adicción a los videojuegos, es importante no plantear la abstinencia como objetivo inicial, ya que esto generaría más resistencia. En su lugar, propón un automonitoreo no juicioso: que registre horas de juego, emociones antes/durante/después, y qué necesidades cubre ese tiempo (ej.: sensación de logro, conexión social en juegos multijugador). Con esta información, podéis explorar actividades alternativas que cumplan las mismas funciones, pero con menos consecuencias negativas. Por ejemplo, si los juegos le dan sensación de competencia, podrías sugerir retos pequeños en la vida real (cocinar una receta nueva, aprender algo breve en línea) que activen ese mismo sistema de recompensa. La clave es reemplazar, no solo eliminar.

El trabajo con la familia debe ser cuidadoso, ya que es probable que haya dinámicas de códigopendencia o críticas que refuercen su aislamiento. Si el paciente lo permite, puedes incluir sesiones conjuntas para psicoeducar a la familia sobre cómo apoyar sin presionar. Por ejemplo, que eviten frases como "¿Por qué no buscas trabajo?" y en su lugar usen validación: "Entiendo que esto es muy difícil; ¿hay algo en lo que pueda ayudarte hoy?". También es útil trabajar con la familia para que reconozcan y refuercen cualquier pequeño avance (ej.: "Noté que hoy te levantaste más temprano"), lo que puede aumentar su motivación intrínseca.

En cuanto a la depresión severa, aunque no es tu rol como psicóloga hacer un diagnóstico clínico, sí puedes evaluar el riesgo de ideación suicida de manera indirecta: "En momentos así, algunas personas sienten que no hay salida. ¿Has tenido pensamientos sobre cómo sería no estar aquí?". Si hay señales de alarma (planificación, acceso a medios), derivaría urgentemente a un servicio de salud mental con capacidad de intervención en crisis. Para la depresión en sí, técnicas como activación conductual (programar actividades placenteras o de logro, aunque sean mínimas) y trabajo con metas pequeñas pueden ser útiles. Por ejemplo, usar la técnica del "semáforo": en rojo (días malos), el objetivo es solo levantarse y asearse; en amarillo, añadir una tarea sencilla; en verde, algo más desafiante. Esto ayuda a romper el ciclo de inercia sin abrumarle.

Un aspecto crítico es trabajar la identidad. Este paciente ha perdido no solo un trabajo, sino un rol social que le daba estructura y autoestima. Los videojuegos pueden estar funcionando como un sustituto de identidad (ej.: "Soy un buen jugador" vs. "Soy un fracaso laboral"). Aquí, técnicas narrativas pueden ser poderosas: pedirle que escriba una carta desde su "yo futuro" (en 5 años) agradeciéndole por los cambios que hizo hoy, o que cree un "collage de identidades" con imágenes que representen quién era, quién es ahora y quién quiere ser. Esto ayuda a reconstruir una narrativa de continuidad más allá del desempleo.

Finalmente, es esencial manejar tus propias expectativas como terapeuta. Este es un proceso lento, con posibles recaídas. Celebra los microavances: que reduzca 30 minutos de juego, que haga una llamada telefónica a un amigo, que salga a caminar. Usa el modelo de "cambio en espiral" (Prochaska) para normalizar que los retrocesos son parte del proceso. Si el paciente se estanca, puedes introducir preguntas como: "¿Qué sería lo peor que podría pasar si probaras algo diferente, aunque fuera solo por una semana?". Esto a menudo revela miedos ocultos (ej.: "Temo que, si dejo los juegos, me ahogue la ansiedad") que podéis trabajar juntos.

Recuerda que, en casos como este, la motivación no precede al cambio, sino que surge durante el proceso. Tu papel es ser un "farolero": iluminar caminos posibles sin empujarlo, pero tampoco dejando que se quede paralizado en la oscuridad. La combinación de validación, exposición gradual y reconstrucción de significado suele ser la más efectiva para romper el ciclo de evitación que mantienen tanto la adicción como la ansiedad.

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