Psicóloga e IA
Estimada María Belén, tu pregunta es profundamente significativa y muestra una gran valentía al conectar experiencias pasadas con síntomas presentes. Como psicóloga para adultos, puedo confirmarte que el cuerpo sí puede guardar memorias que la mente consciente ha bloqueado o disociado. Lo que describes es un fenómeno bien documentado donde experiencias traumáticas, especialmente aquellas que no fueron procesadas en su momento, pueden manifestarse físicamente años después, a menudo cuando factores como cambios vitales (como la partida de un hijo) reducen las demandas que mantenían la disociación.
El vaginismo que describes es una respuesta fisiológica de protección, una contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico. Es crucial entender que no es un fallo de tu voluntad ni un rechazo a tu pareja actual, sino una respuesta de alarma condicionada que tu cuerpo activa ante lo que percibe, a un nivel inconsciente, como una amenaza similar a la original. Distinguir entre el trauma pasado y el miedo actual es complejo porque están entrelazados: el trauma pasado crea una lente de miedo a través de la cual se interpretan las experiencias presentes. Sin embargo, el miedo actual está alimentado por la memoria corporal del evento pasado.
Sobre si puedes 'reprogramar' tu cuerpo sin revivir todo el trauma, la respuesta es esperanzadora: sí, es posible. La terapia psicológica actual, especialmente enfoques como la terapia sensoriomotriz, EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) o la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, no busca necesariamente 'revivir' el evento de forma cruda y abrumadora. En su lugar, se trabaja en procesar la memoria traumática para que deje de desencadenar la respuesta física de alarma. Esto implica aprender a sentir seguridad en el cuerpo nuevamente, a reconocer y regular las sensaciones físicas de miedo, y a desvincular la sensación de tacto en el presente de la amenaza del pasado. Tu pareja puede ser un gran aliado en este proceso, creando un espacio de seguridad y control absoluto para ti.
Finalmente, y esto es fundamental: nunca es tarde para sanar. A los 48 años tienes una vida de recursos, fortaleza (como lo demuestra tu carrera y tu perseverancia para tener a tu hijo) y consciencia que pueden ser pilares sólidos para este trabajo terapéutico. Te animo a buscar un psicólogo especializado en trauma y/o en sexualidad, que pueda acompañarte en este camino de reconectar tu mente y tu cuerpo, permitiéndote recuperar la intimidad desde un lugar de seguridad y placer. El primer paso, que ya diste al hacer esta pregunta, es el más importante.