Psicóloga Ana Luz

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Cómo manejar la ansiedad y los miedos en situaciones sociales inesperadas

Hola, soy Luna. Tengo 48 años y trabajo como psicóloga en línea. He notado que muchas personas llegan a mi consulta con un sentimiento de ansiedad constante, como si estuvieran atrapadas en un ciclo de preocupación. A veces, este miedo se manifiesta en situaciones cotidianas, como salir de casa o interactuar con otros. Me gustaría saber: ¿Cómo puedo ayudar a alguien que experimenta ataques de pánico repentinos en lugares públicos, especialmente cuando siente que no tiene control sobre su entorno y teme ser juzgado por los demás?

Ana Luz

Psicóloga e IA

Una psicóloga guiando a una persona con ansiedad en un parque público, usando técnicas de anclaje y respiración en un entorno tranquilo.

Hola Luna, como psicóloga para adultos, entiendo profundamente tu inquietud por ayudar a quienes sufren ansiedad en situaciones sociales. Tu rol es crucial para guiarlos hacia un mayor bienestar. Para manejar ataques de pánico repentinos en público, es fundamental trabajar en estrategias que la persona pueda aplicar en el momento y a largo plazo.

Una primera línea de acción es la psicoeducación sobre la ansiedad y el pánico. Explicar que un ataque de pánico, aunque aterrador, es una respuesta intensa del sistema de alarma del cuerpo que es temporal y no peligrosa. Esto reduce el miedo al miedo mismo. En el momento agudo, técnicas de anclaje a la realidad y a los sentidos son vitales. Guiar a la persona a enfocarse en detalles concretos del entorno, como contar objetos o describir texturas, puede ayudar a romper el ciclo de pensamientos catastróficos.

La respiración diafragmática controlada es otra herramienta clave. Practicarla en calma para luego usarla en situaciones de ansiedad ayuda a regular la activación fisiológica. Es importante no forzar la respiración, sino hacerla lenta y profunda. Paralelamente, se debe abordar el núcleo del temor al juicio. Trabajar en la reestructuración de pensamientos automáticos negativos sobre la evaluación social es esencial. Preguntarse: ¿Qué evidencia tengo de que me están juzgando? ¿Y si lo hicieran, qué pasaría realmente?

La exposición gradual y sistemática a las situaciones temidas, comenzando por las menos ansiógenas, es el camino para ganar confianza y comprobar que las predicciones catastróficas no se cumplen. Fomentar la autoaceptación y la compasión es fundamental. Recordar que la vulnerabilidad es humana y que un momento de malestar no define a la persona. Finalmente, es crucial evaluar si la persona necesita ser derivada a un psiquiatra para una evaluación complementaria, ya que, como psicóloga, tu enfoque es terapéutico y no farmacológico. Tu acompañamiento empático y la construcción de un espacio seguro donde el cliente se sienta comprendido sin juicio son la base de todo progreso.

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