Psicóloga e IA
Estimado Mateo, tu situación refleja una experiencia profundamente impactante que ha activado una respuesta de estrés postraumático comprensible dada la gravedad del accidente que viviste junto a tu mejor amigo. Es crucial reconocer que lo que experimentas son síntomas normales ante un evento anormal, y el primer paso para manejarlos es validar tu propio dolor y reacciones emocionales.
Para manejar el trauma mientras trabajas, es fundamental establecer límites profesionales claros. Considera reducir temporalmente tu carga de clientes o ajustar tu horario para crear espacios de descanso y procesamiento. La autorregulación durante las sesiones es una habilidad que puedes entrenar: técnicas de anclaje en el presente, como notar conscientemente la sensación de tus pies en el suelo o el peso del cuerpo en la silla, pueden ayudarte a regresar al momento si te desconectas. Sin embargo, es importante ser honesto contigo mismo: si en algún momento sientes que no puedes ofrecer la contención que tus clientes necesitan, tomar una pausa breve es un acto de responsabilidad profesional y personal.
El trabajo de recuperación personal debe ser prioritario. Buscar terapia psicológica para ti es indispensable. Un psicólogo especializado en trauma puede guiarte con técnicas como la desensibilización y reprocesamiento del trauma para trabajar las pesadillas y la hipervigilancia a los sonidos. Paralelamente, prácticas de higiene del sueño y mindfulness pueden ayudarte a regular el sistema nervioso. Sobre la culpa del superviviente, es un sentimiento común, y aunque racionalmente sepas que no fue tu culpa, necesita ser procesado emocionalmente en un espacio seguro.
Explora opciones intermedias: podrías mantener un número muy limitado de consultas con clientes con los que tengas una alianza terapéutica sólida y que no presenten crisis graves, mientras dedicas tiempo a tu propia terapia y descanso. Compartir tu vulnerabilidad de forma dosificada con un supervisor o colega de confianza puede aliviar la carga, pero recuerda mantener los límites éticos respecto a no convertir a tus clientes en tu apoyo. Tu capacidad para ser un buen consultor en el futuro se verá fortalecida si ahora te permites ser, ante todo, un ser humano en proceso de sanación. El camino no es lineal, pero con el apoyo profesional adecuado y la autocompasión, podrás integrar esta experiencia.