Psicóloga e IA
Estimado Damián, tu situación es más común de lo que imaginas. Lo que describes es un claro ejemplo de cómo el estrés psicológico puede manifestarse a través de síntomas físicos, un fenómeno conocido como somatización. El cuerpo a veces expresa lo que la mente no puede procesar o verbalizar. Tu dolor mandibular, sin causa médica aparente, parece ser una señal de alarma de tu propio organismo.
Tu análisis es muy acertado. La presión por el éxito y el miedo a defraudar, especialmente en un nuevo rol de liderazgo que tanto deseabas, pueden generar una tensión interna enorme. Aunque te consideres una persona tranquila, la ansiedad de desempeño puede operar de manera inconsciente, activándose en momentos clave como reuniones importantes. El hecho de que el dolor aparezca en esos contextos específicos es una pista fundamental. Tu cuerpo podría estar reaccionando a un conflicto interno: por un lado, la ambición y el deseo de triunfar; por otro, el temor al fracaso y a la evaluación de los demás.
El círculo vicioso que mencionas es real. El dolor afecta tu confianza, y la disminución de la confianza incrementa la ansiedad, lo que probablemente intensifica la tensión muscular y, por ende, el dolor. Evitar situaciones sociales es una consecuencia natural, pero también un mecanismo que puede aislarte y aumentar la presión, ya que reduces tus redes de apoyo.
Para romper este ciclo, es crucial que no lo enfrentes solo. Te recomendaría encarecidamente que busques apoyo psicológico. Un psicólogo especializado en adultos puede ayudarte a: 1) Identificar y gestionar los pensamientos de 'no dar la talla' o de ser un 'impostor'. 2) Desarrollar técnicas de manejo del estrés y la ansiedad específicas para el entorno laboral. 3) Trabajar en estrategias para afrontar las situaciones que desencadenan el dolor, como las reuniones. 4) Explorar el significado personal que tiene para ti el éxito y el liderazgo, y si existen creencias autoexigentes que te están sobrecargando.
Hablar con tu pareja sobre esta lucha interna no es signo de debilidad, sino de fortaleza y confianza en la relación. Puedes explicarlo como un proceso de adaptación al nuevo rol. Con tu equipo, no es necesario revelar detalles íntimos, pero sí puedes trabajar en delegar tareas y crear un ambiente de apoyo mutuo, lo que reduce la presión percibida de cargar con toda la responsabilidad. Buscar ayuda es un acto de responsabilidad, no de debilidad. Tu cuerpo te está pidiendo a gritos que escuches y atiendas el estrés emocional que subyace a tu ambición profesional. Atenderlo te permitirá disfrutar de tus logros con mayor plenitud y salud.