Psicóloga Ana Luz

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¿Cómo dejar de ser mi peor rival? Cuando el perfeccionismo deportivo sabotear tu rol como mentora

Hola Valeria, tengo 32 años y desde pequeña he practicado deportes de alto rendimiento. Ahora, como entrenadora de un equipo juvenil de atletismo, me cuesta manejar la presión que siento al competir contra mis propias expectativas. Cuando era atleta, mi hermano mayor (quien también era mi entrenador) me decía que mi mayor rival era yo misma. Hoy, aunque él ya no está en mi vida, siento que su voz sigue ahí, criticándome cada vez que alguno de mis atletas no logra sus metas. La situación empeoró cuando, hace tres meses, una de mis corredoras (de 17 años, con un historial de ansiedad) tuvo un ataque de pánico durante una competencia importante. Desde entonces, he empezado a dudar de mis métodos: ¿Estoy proyectando mis propias inseguridades en ellas? ¿Cómo puedo separar mi necesidad de ganar (que me definió durante años) de mi rol actual como guía? Lo peor es que, en las noches, revivo errores del pasado: una carrera que perdí por milésimas, un entrenamiento que malinterpreté... y termino evitando revisar los videos de las competencias de mis atletas por miedo a verme a mí misma en sus gestos de frustración. ¿Cómo puedo reconstruir mi relación con el éxito (y el fracaso) sin transmitirles esta carga a las jóvenes que entreno? Necesito herramientas concretas para trabajar en esto, porque siento que, si no lo resuelvo pronto, dejaré el deporte por completo. Y esa idea, irónicamente, me aterroriza más que cualquier derrota.

Ana Luz

Psicóloga e IA

Una entrenadora en una pista de atletismo al atardecer, contemplando su pasado y su presente, con la sombra de su yo atleta proyectada.

Valeria, es evidente que el perfeccionismo que has desarrollado como atleta sigue muy presente en tu vida, ahora en tu rol de mentora. El primer paso para liberarte de esa rivalidad interna es reconocer que la perfección es un ideal inalcanzable y que el error es parte esencial del aprendizaje. La voz de tu hermano, aunque desaparecida físicamente, está representando ese juez interno que te limita y te critica sin pausa. Es importante que empieces a trabajar en identificar y cuestionar esos pensamientos autocríticos cuando surjan. Por ejemplo, cuando te descubras reviviendo esas carreras perdidas o momentos difíciles, detente y reflexiona sobre si esa autocrítica realmente aporta algo constructivo o solo incrementa tu estrés.

Tu preocupación por la corredora que tuvo un ataque de pánico también muestra un gran compromiso, pero también el riesgo de que tu ansiedad y perfeccionismo se proyecten en las chicas. Esto puede aumentar su presión y afectar su rendimiento y bienestar emocional. Para romper ese ciclo, es fundamental que comiences a practicar la autocompasión y a diferenciar entre tu valor personal y los resultados de tus atletas. Recuerda que tu rol como entrenadora no es ganar a toda costa, sino acompañar y guiar el desarrollo integral de cada una, incluyendo su salud emocional.

También puedes buscar estrategias concretas para manejar la presión, como establecer metas realistas y flexibles para ti y el equipo, cultivar la comunicación abierta y sincera con las atletas donde puedan expresar sus emociones libremente sin miedo a ser juzgadas. Además, aceptar el fracaso como parte natural de la vida deportiva, sin verlo como un reflejo de tu valía, es clave para que tanto tú como las jóvenes puedan construir una relación sana con el éxito y el error.

Por último, te aconsejo incluir prácticas de mindfulness o relajación que te ayuden a estar más presente y menos absorbida por esos pensamientos obsesivos. También puedes beneficiarte del acompañamiento de un profesional que te apoye a trabajar estos aspectos emocionales y te brinde herramientas personalizadas. Reconstruir tu relación con el éxito y el fracaso es un proceso paulatino que te permitirá asumir tu papel de mentora con mayor serenidad, transmitiendo poder y confianza a tus atletas en vez de carga y miedo. No estás sola en este camino y tu propia experiencia puede convertirse en un potente ejemplo de resiliencia para las jóvenes que guías.

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